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Tanto que decir, tanto que callar.

Conocemos al mundo en la medida en que este se expresa, o al menos eso creo yo. El mundo se expresa y nosotros lo interpretamos. Para que nosotros podamos interpretar el mundo, este necesita ser expresado.

Parece redundante, pero, también está implícito que si hay algo que el mundo no expresa, entonces no existe, ¿o no? ¿Qué pasa cuando algo busca desesperadamente existir y nosotros negamos su existencia? Es decir, negamos su expresión.

A veces me pierdo en mis pensamientos, al igual que todos alguna vez en su vida lo hicieron, y no me voy a dedicar aquí a ponerlos en orden (faltaría más), pero realmente me gustaría manifestar una o dos cosas que valgan la pena.

Cabe decir que aquí no se lee por obligación, sino por gusto. Y aunque muchas obras sean de lectura obligatoria en la universidad no quiere decir que no puedan ser disfrutadas (especialmente cuando uno es libre de elegir la obra que quiera).

Y en lo que a esto respecta, hay que recordar también que estamos acostumbrados a ver y leer una obra en un sentido estructuralista y academicista. Género, subgénero, trama, métrica, tipo de narrador, ángulo de focalización, funciones cardinales y catálisis, figuras literarias y retóricas… y la valoración personal, la mentira más grande que nos enseñaron.

En primaria todo era más fácil, ¿te gustó?, ¿no te gustó?, ¿por qué? Pero cuando crecemos el juicio valorativo se convierte en un “explica cuales son las razones por las cuales se considera obra X como un clásico de la literatura”. En palabras de una profesora: a nadie le importa si te gustó o no, mucho menos a mí. Lo que ustedes tienen que valorar críticamente es el contenido de la obra.

¿¡Y cómo hacerlo objetivamente!? Lo único importante es, después de todo, saber si cierta obra sigue o no los parámetros literarios de la época y en qué forma se manifiestan en el discurso. Pero, algunas obras no lo hacen, rompen el esquema, y eso las hace memorables (gran paradoja para mí).

No es sino hasta la llegada de este nuevo profesor quien, finalmente, nos devela una nueva perspectiva para acercarnos a la literatura. Claro que la forma es importante, igual lo es el fondo, pero también cómo percibimos el fondo y la forma y, a veces, cuál resulta más evidente. Algunas obras son bellas por su estructura, otras lo son por su contenido, otras por lo que aprendemos. Y ahí puedo finalmente volver a caminar y superar la etapa de análisis semiótico estructurales que viene aplastando mi razonamiento desde la secundaria, lo que me hizo dejar la literatura de lado durante muchos años.

Claro que este cambio no se da de un día para otro, lleva tiempo. Hacer un comentario literario sobre un solo tema en particular que llame la atención requiere un bagaje cultural presto. Más difícil aún es mantenerlo fuera de la crítica. Así que aquí me dedico a eso, a dar vida a los comentarios que de otra manera no llegarían a formar parte de un análisis semiótico estructural, con dificultad, pero confiando en que algún día voy a poder ser capaz de ver algo más, de aportar algo más, una sola cosa más.

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